Hay días en los que te levantas porque
ya se te ha hecho habitual. Que sigues un camino porque es tu rutina
diaria. Pero un día te paras a pensar y dices, ¿existe algún
motivo para seguir? No todo te va muy bien. Tienes problemas en casa,
chocas con personas a menudo, no encuentras a alguien que te entienda
y mucho menos que se identifique contigo. Ves a tu alrededor y todo
son sonrisas, sientes envidia por aquellas personas, que piensas,
tienen un motivo por el cual sonreir.
Pero derrepente el día menos pensado aparece esa persona que te
hace ver la realidad, que te dice con cariño; ''Princesa, tienes
todo y más para seguir adelante. La vida tiene muchos capítulos, y
no siempre estarás estancada en un libro entero. Piensa en aquellas
personas que desearían estar en tu lugar, en tener familia, salud,
poder ir al colegio, poder tener un plato de comida, o simplemente
agua para beber. Todas esas cosas que para tí son insignificantes,
para muchos niños en esta vida son un motivo para sonreír. Y si
ellos han podido, ¿por qué no puedes tú? Anda, sécate esas
lágrimas, levanta la cabeza y mira siempre al frente. Que aunque no
siempre lo veas, alguien está ahí contigo, y tu motivo, llegará
tarde o temprano. Pero recuerda y nunca olvides, que tu felicidad no
depende de nadie.''Cuando esa persona llega, las nubes de tu cielo se van y dejan paso a los cálidos rayos de sol. El frío que antes había, se ha ido por completo. Y como por arte de magia ves que todos esos que antes parecían ignorarte, estan a tu lado regalándote una sonrisa. Pero no es magia, no... Esque ahora sabes que siempre han estado ahí, pero que antes no lo valorabas. No siempre necesitas a alguien por el cual dependa tu felicidad, tu felicidad depende de tí y de nadie más.

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